¿Qué se hace para gestar una serie de milagros extraordinarios que nos bendigan a nosotros y familia de por vida? Sucede que la vida se rige por leyes, y la Ley de la Siembra y la Cosecha revela que lo sea que tengo en mi mano es una semilla que crea lo que deseo en mi futuro.
2 Reyes 4:8 cuenta que, “… un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer.”
En lugar de correr con su necesidad al profeta Eliseo, esta sabia mujer abrió su corazón y sembró con generosidad, ofreciendo lo mejor que tenía, activando así la Ley de la Cosecha. Todo lo que poseemos son semillas; amor, bondad, promoción, dinero, ocuparse de los demás, tiempo... Pero una siembra de nada siempre producirá una cosecha de nada. Y es que nuestras semillas determinan nuestra cosecha.
Ora conmigo: Padre amado, gracias por este día y por lo que me diste. Bendícelo y ayúdame a sembrar de ello. Abro mi corazón para ser generoso, sabiendo que me darás una cosecha de bendiciones milagrosas. Voy a sembrar paz, amor, de mi tiempo y de los recursos que me das.
En el nombre de Jesús, amén.

